Publicado por el 20/10/2017

Los cristianos, no somos una isla en la sociedad somos parte de ella. Hemos sido apartados por Dios para un propósito específico, pero no estamos separados de la gente,de los amigos,y de la familia. Si alguien cree que ser cristiano es vivir en una especie de burbuja separados de la gente, ha entendido mal el mensaje de Cristo.
Estamos llamados a relacionarnos con la gente de tal manera que podamos influir y hacer un aporte.
Nuestras relaciones sociales, tienen que ir de la mano con la intención del Señor que dijo, que debemos ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Bajo estos términos hemos de plantearnos como han de ser nuestras relaciones con la familia, con los vecinos, los compañeros del trabajo, y compañeros de estudio. La pregunta es. ¿Cuanta luz irradia nuestro testimonio cristiano, nuestro carácter, conducta y palabras.?
¿Cuanta sal aportamos en un consejo oportuno, o en la orientación de alguien que ha perdido el rumbo, y no encuentra sentido ni propósito para vivir?. Jesús dijo que somos la sal de la tierra y también estamos llamados a alumbrar con la verdad, con el testimonio y con las palabras. Bajo esta premisa veamos, cual es nuestra área de influencias. Y no olvidemos el propósito supremo del llamado de Dios de anunciar el evangelio ni olvidemos la encomienda sagrada, la gran comisión, el encargo divino de anunciar el evangelio. (Mt.28:19)


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