Editorial
¿Evento o Actitud?
Publicado el 16 de marzo de 2009 12:30 | Leído 1556 veces.
Un evento no es tan dificil de organizar. Se colocan unas banderas, una plataforma, algunas flores y ya está. Los eventos se arman y se desarman, se montan y se desmontan, se preparan y se presentan. Pero las actitudes nacen del corazón.
Las actitudes brotan de lo que uno es. Son el reflejo de lo que tenemos dentro. No hay maquillaje, ni disfraz para las actitudes. Somos lo que nuestras actitudes revelan.
Tenemos control sobre un evento, sabemos provocar sentimientos y reacciones. Podemos preparar una bonita conferencia e impresionar a nuestros invitados, pero también podemos echarlo todo a perder con una mala actitud. Con un evento se puede causar una buena imagen de lo que uno es o de lo que uno quiere que los demás piensen. Pero con una actitud se puede herir el corazón de alguien, se puede dañar los sentimientos y se puede además quebrar los vínculos de una relación personal.
¿Por qué nos preocupamos tanto por organizar eventos y actividades de impacto y no nos preocupamos del impacto de nuestras actitudes?
Si algo va a afectar a la gente no serán los eventos, las actividades o los programas, sino nuestra forma de vida, nuestro proceder...nuestras actitudes. Si por alguna razón las personas van a creer este mensaje será más que nada por ver y comprobar la manera que este mensaje nos afectó y nos trasformó a nosotros mismos.
Las actitudes de alguna forma, revelan lo que tú piensas de los demás. Aunque con tu boca digas algo distinto. Tu actitud lo define todo. No alcanza que digas que amas, debes reflejarlo con actitudes coincidentes. No basta con que digas que necesitas a alguien, debes hacerlo sentir valioso. Hay quienes dicen tener valores altos, pero sus actitudes dicen que en realidad tienen valores bajos. Hay quienes se dicen «hijos de Dios» pero ante diversos problemas tienen actitudes más bien de «hijos del diablo». La vieja diferencia entre lo que digo que soy y lo que demuestro.
VIVIR LO QUE PREDICAMOS
Un pastor muy conocido dijo: «Después de tantos años ya no me impresionan los sermones, me impresionan las vidas».
Cuando la iglesia primitiva comenzó su dinámica expansión en la sociedad judía del primer siglo, lo que más impactaba a la gente era cómo vivían y se relacionaban los cristianos. Al punto de que por ello, muchos querían integrarse.
Los cristianos del siglo veintiuno tenemos que cambiar de mentalidad y pedir el fruto del Espíritu para manifestarlo, no dentro de las cuatro paredes del templo sino afuera, en las calles, entre y con la gente. Desarrollar actitudes genuinas, del corazón, que afecten positivamente a una sociedad descreída y decepcionada de todo. Nadie puede robarle a los cristianos las banderas de la bondad, la compasión, la justicia, la misericordia y el amor.
Cuando lleguemos ante Cristo Él dirá “cuando estuve enfermo me visitaste, cuando tuve sed me diste de beber, cuando estuve desnudo me cubriste…entra en el reino” El juzgará no lo que sabemos o lo que dijimos, sino lo que hicimos en favor de los demás.
Actitudes y no sólo eventos.
Adaptación del sermón de Andrés Miranda
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Fuente: Pastor Pablo Núñez






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