Editorial
El Verdadero Carácter
Publicado el 14 de noviembre de 2011 9:50 | Leído 295 veces.
Uno de los principales requisitos que requiere un líder es la madurez de carácter. Vivimos en un mundo que sufre de una verdadera carencia de hombres de carácter firme. Dada las características de su influencia nadie tiene más necesidad de firmeza de carácter que los líderes mismos de la sociedad.
Tratar de definir el carácter es un problema complejo. Cuando se pretende reducir la personalidad, la misma se pierde en gran parte. La suma de sus diversos elementos, resulta siempre menor que el total de lo que tratamos de analizar. Resulta más fácil obtener la idea de lo que es un cadáver, haciendo sucesivamente la división de la cabeza, el cuello, los brazos, las piernas. Pero la personalidad no puede sujetarse a este método.
¿Qué es entonces el carácter? La palabra “carácter” proviene del griego kharakter, que quiere decir “signo escrito o grabado”. El sustantivo griego carákter era una herramienta o cuño para grabar. Esta voz en castellano nos habla del modo de ser de una persona o pueblo. El carácter no es la persona, sino una propiedad de la misma. Es la manera de pensar y obrar de un ser humano que lo hace distinto, reconocible, único e inconfundible. Alfredo Adler lo llama “su estilo de vida”. En este sentido todos los hombres tienen carácter. Puede ser fuerte o débil, tenaz o inconstante, iracundo o manso. Como tal, el carácter se convierte en una creación original en cada individuo.
El carácter es básico para todas las decisiones éticas. Quien es usted determina lo que usted hace. De ahí que el carácter sea el principio de la naturaleza moral interior. Con el cuño distintivo que se haya escogido, se cruzará por las sendas de la vida, influyendo bien o mal en las personas que se mueven a nuestro alrededor. Por tal razón, se necesita un carácter evidentemente equilibrado y perfeccionado divinamente. Tal es la meta que tenemos que alcanzar los que servimos a los hombres.
¿Cómo se origina el carácter en una persona? Tres factores influyen en la formación del carácter de un individuo. En primer lugar, está la herencia genética. Todos los seres humanos somos, al nacer, el producto de innumerables antepasados, cada uno de los cuales ha contribuido de alguna forma. Estos rudimentos fisiológicos y las predisposiciones a las cualidades psíquicas de nuestros padres, formarán parte de nuestro carácter. Igualmente, están los factores ambientales, sociales y de profesión, que ejercen poderosa influencia en la formación de nuestro carácter, pero nunca lo determinan. Finalmente, el significado que imprimen dichos factores sobre nuestro carácter dependerá de la valoración individual que nosotros mismos le demos. Esta es una de las razones por las cuales dos hijos del mismo padre y madre, que gozan de idéntico ambiente familiar y cultural, sean tan distintos el uno del otro. Cada uno tomó por su cuenta el tipo de carácter que tiene.
¿Cuáles son los signos de una madurez de carácter? Mostramos un buen grado de madurez cuando valientemente nos abocamos a hacer un análisis de nosotros mismos. Esta tarea es más difícil que meramente clasificar y definir cualidades y defectos. Al respecto. J.D. Lagorreta dice que no tenemos problema para dar todos los datos generales de nuestra personalidad tales como la nacionalidad, edad, estado civil. Podemos explicar cómo es nuestro trabajo con facilidad. Pero si nos preguntan cómo somos en lo íntimo, en nuestro interior; o por qué reaccionamos de cierta manera, “la respuesta no viene sencillamente, o nunca viene”, afirma.
Esta no es una tarea sencilla. Aunque la abordemos, lo más probable será que nunca lleguemos a saber cómo somos realmente. Es comprensible a todas luces que el compendio psicosomático que nos constituye no lo podemos analizar sin llegar a equivocarnos. Con todo, es signo de madurez en el carácter tratar de saber cómo somos. Dijo Caleb Colton: “El que se conoce a sí mismo conoce a los demás, y el que se desconoce a sí mismo no podrá imprimir enseñanzas profundas en la cabeza de los hombres”.
Quizás tres interrogantes nos ayuden a tener una aproximación del tipo de personas que hemos llegado a ser: 1. ¿Cómo creo que soy? 2. ¿Cómo creen los demás que soy?; y 3. ¿Cómo soy en realidad?. Haciendo una comparación ecuánime del “cómo creo que soy” con el “cómo creen los demás que soy”, tendremos un acercamiento a la realidad. Este examen es de mucha ayuda porque al darnos cuenta de nuestros defectos y virtudes, podemos dirigir nuestros esfuerzos para alcanzar el puerto donde deseamos arribar.
Llegar a tener un buen carácter es la obra cumbre del ser humano. Al nacer, cada uno de nosotros es como un campo en el que brotan a la vez buenas y malas inclinaciones. La obra de mejorar cada día nuestro carácter recae sobre cada uno de nosotros, contando en cada ocasión con la gracia de Dios. Los que quieren podrán hacer de su vida una suma de logros al bien. Se nos ha entregado una noble arcilla para que crear la mejor vasija que podamos concebir. No será fácil, pero el carácter como los héroes no se improvisan. Goethe escribió: “El talento se forma en la quietud, el carácter en el torrente del mundo”. El carácter no es un don es una victoria.
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Fuente: Pastor Moisés Soto






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