Editorial

Dios revierte nuestros Destinos

Publicado el 17 de junio de 2010 7:57 | Leído 760 veces.

75924dd8e84c689e1a42bd2bf00b5e79 “E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió”. 1 Crónicas 4:10.

 

Hace cuatro años llegamos a trabajar en la obra del Señor  a la población Las Tres Puntas, de Quilicura, un barrio muy temido por la abundancia de jóvenes drogadictos en sus calles; muchos han delinquido por causa del vicio. Hemos visto niños que han agredido a adultos, enfrentándolos sin miedo. En una oportunidad un niño de 10 años, de los que asistían a la escuela dominical, se acercó a mi hermano Mauricio y le pidió permiso para pololear con su hija, sin siquiera preguntarle a la implicada, de 9 años, si lo aceptaba.

Hoy vemos en los medios informativos a niños asaltando, robando y agrediendo a las personas de trabajo. Menores que vienen de un hogar con el padre encarcelado, madres drogadictas, familia enteras sumergidas en el vicio. Que piensan que estar en la cárcel los hace más respetados, y que tal sanción es un galardón y no un castigo. Reos a quienes los niños miran como ejemplo: quieren ser iguales o peores, y cometer muchas fechorías para jactarse y hacerse respetados en el mundo del hampa.

Muchos de estos niños no alcanzan a llegar a los veinte años: son muertos en peleas callejeras, por sobredosis o por accidentes bajo la influencia del alcohol. Mueren abandonados, como animales, en las calles.

Son niños enseñados sin los valores y principios que estructuran la sociedad humana. Por ello creen que quienes agreden a la sociedad  son dignos de admiración.

Hablan, caminan, visten y viven como sus ídolos. Y así también mueren, como ellos, sin dejar ningún legado que los haga memorables.

Los que han elegido vivir de esta forma son perdedores, fracasados, cobardes que se creen   héroes sin haber peleado  ni siquiera la básica, que es ganarse la vida; sin luchar  contra las tentaciones y seducciones diabólicas  como la droga, o el exceso de alcohol. Hombre y mujeres  que se transformaron en derrotados, que no tuvieron el valor de vencer los desafíos de la vida y fueron cuesta abajo, por la ruta de la autodestrucción que no dignifica sino causa lástima.

Personas valientes y dignas de admiración, en cambio, son aquellas que enderezan su destino, capaces de salir de esa vida de delincuencia, la ruta fácil cuando se nace  en un barrio infectado de drogadicción, alcoholismo y  delincuencia  y se pertenece a una familia de drogadictos. Dignas de imitar son aquellos que le han ganado a la vida, saliendo de ese mundo de drogadicción, consolidándose como hombres y mujeres de bien. Como un joven  de nuestra iglesia, Roberto Hernández, que hoy es un líder de jóvenes  a quien Dios llamó cuando estaba perdido en las drogas. Él le pidió a Dios que lo sacara de esa vida denigrante y cambiara su destino. Hoy es un profesional, tiene una linda familia, esposa e hija, y da permanente testimonio de lo que Dios hizo en su vida.

Que aún viviendo en poblaciones contaminadas, donde la corrupción parece mandar, rechaza el destino de muchos jóvenes sin personalidad que se dejan guiar por los contaminados. Valiente es el que  le gana al flagelo de la droga siendo fieles a sus principios y valores. Porque creemos en que Dios puede revertir el destino de estos jóvenes que tienen los sentidos de la vida cambiados.

¿Qué está haciendo la Iglesia?  Me inquieta ver que no estamos haciendo todo lo que Dios quiere. Nos cuesta llegar a esos lugares a los cuales Dios nos ha enviado; nos cuestionamos no tenemos la valentía de meternos en barrios donde hay droga y delincuencia. Jesús dijo que vino a atender a los enfermos y no a los sanos. Muchos quisiéramos recibir gente sin problemas y, en lo posible, que llegue a la iglesia convertida y discipulada, para que no tengamos tanto trabajo…

Cuando medito sobre estas actitudes siento que no estoy haciendo nada para bloquear al diablo.

Coincido con mi pastor Pablo Chávez en que los hijos de Señor, en Dios tienen poder para echar abajo fortalezas diabólicas y edificar grandes defensas con Su Poder. Cómo podemos querer alcanzar a otros, si nosotros mismos no creemos en el gran poder que Dios nos ha dado, para que podamos hacer Su voluntad.

 

 

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Fuente: Pastor Marco Gajardo