Editorial

Koinonía Apostólica

Publicado el 27 de abril de 2010 19:57 | Leído 771 veces.

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Una clara y reiterada exhortación de la Biblia es la que nos llama a preocuparnos los unos por los otros.
Ningún cristiano es una isla.

Cuando somos salvos el Señor nos incorpora a Su familia, la familia de la fé.
La unidad cristiana, el compañerismo fraternal, debe ser asunto de la mayor importancia que no puede ser descuidado.
El salmista declara una luminosa verdad cuando afirma:
"¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!
 ...Porque allí envía Jehová bendición y vida eterna". (Salm.133:1,3)
Durante nuestra Conferencia Anual pudimos disfrutar del compañerismo con pastores y hermanos.
Juntos oramos y cantamos, juntos recibimos el desarrollo del tema que nos convocó.
Comimos juntos, conversamos, reimos y hasta lloramos juntos en la presencia del Señor.
Reflexionamos juntos acerca del privilegio y la responsabilidad que tenemos al ser parte de esta comunidad de los redimidos, la Iglesia.
Juntos recibimos el desafío para el trabajo en nuestros campos de acción .
Y juntos también volvimos a regocijarnos al recordar que en este organismo espiritual, de origen divino, que es la Iglesia, tienen participación activa el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Cualquiera sea nuestra posición o función en el Cuerpo de Cristo nos hace bien tener claro y presente en nuestra mente y corazón esta verdad.
En la comunión con hermanos y pastores nos estimulamos al amor y a las buenas obras.
Debemos practicar y promover la unidad. Fortalecer los lazos de amistad cristiana.
Que seamos realmente la familia de la fé.
Que la koinonía apostólica se fortalezca más y más cada día.

 

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Fuente: Obispo Francisco Anabalón