Editorial

Día a día, paso a paso

Publicado el 6 de abril de 2010 5:37 | Leído 697 veces.

1950a5a39a997fc98840d91b3fa91dcd “Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. 
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad”. Eclesiastés 12:7-8.

Hace más 20 años llegó a mi trabajo un joven periodista a hacer la práctica. Se demostró buen profesional y lo contrataron: muchacho soltero, lleno de sueños,  al poco tiempo se casó y tuvo dos hijos, una niña y un niño.  Hace más de dos años se hizo examinar por un médico, debido a un malestar al estómago: le diagnosticaron cáncer terminal y le dieron dos meses de vida.

No obstante tan terrible diagnóstico no dejó nunca de trabajar.  Llegaba cada mañana a leer toda la prensa escrita,  como periodista bien  informado. Y pasaron los dos meses, el años, los dos años y casi tres,  de los dos meses de vida que la habían pronosticado.

Todos decíamos que era un milagro y hasta el médico tratante no podía creer  que tan reducido plazo de vida  se transformara en tres años.

Cuando nos íbamos juntos a nuestras casas por las tardes,  hablábamos de lo bueno que era Dios con él; que la vida ya no era como antes, para él, que vivía el día a día y paso a paso. Sintiendo que cada día era un regalo de Dios, por lo que disfrutaba cada minuto como si fuera el último, con su familia, esposa e hijos. El tiempo extra que Dios le dio de vida aprendió a vivirla con la familia,  aquellos que siempre están cerca nuestro y a quienes, muchas veces,  menos dedicación y tiempo damos. Es común que muchas personas vivan más tiempo en sus trabajos que con sus seres amados.

Recuerdo que un día llego por la mañana y me dijo, “Pastor quiero que lo cuentes en la iglesia: ayer cuando me subí  a tu auto estaba muy mal, algo me pasaba y estaba airado. Pero cuando me bajé y llegue a casa había gran paz. No te puedo explicar cómo cambió todo en el auto, salió toda la rabia y llegué muy bien a mi hogar con una paz  y tranquilidad  que no tenía”.

En otra oportunidad, cuando se comenzó a agravar, en un momento de dolor cuando la morfina ya no le hacía efecto me dijo “Pastor, clamé a Dios y Él respondió:  decía,   cuéntalo a los hermanos en la iglesia. Dios me escucho”. No tan solamente te escucha,  también te ama, le dije.

Hoy no está ya en mi trabajo y al terminar la jornada me voy solo. El amigo, el compañero no va más conmigo porque  ha partido a un nuevo hogar donde no hay llanto ni dolor.   Ha dejado el escenario de la vida: fue un hombre con un espíritu de lucha hasta el final, dando  la pelea a una enfermedad  que terminó venciéndole. Doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de compartir lo maravilloso que Es: su voluntad es perfecta, al final de su vida pudo reconocer al Señor.

Andrés Urruticoechea,  perdiste la batalla con  el cáncer  pero ganaste  la guerra de salvación y vida eterna. Conociste a Dios en el dolor y la  aflicción de tu enfermedad; ahí Él te acarició con muchas muestras de su amor y concediéndote más tiempo de vida, que viviste paso a paso, día a  día,  como me decías siempre.

El hombre nace luchando por sobrevivir, confundiendo esta vida con  la eternidad.

Nadie piensa en la muerte: a muchos los aterroriza sólo pensar en ella. Nos espera a todos al final del camino y hay  que estar preparados. Que para los que creen, es un paso hacia la eternidad.

 

 

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Fuente: Pastor Marco Gajardo