Editorial
Te cuento hasta tres
Publicado el 12 de diciembre de 2009 20:11 | Leído 540 veces.
“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor" Apocalipsis 2:4
Cuando escribí esta Editorial mi nieto tenía 2 años, este mes cumple 4 años y ha sido una bendición del Señor que a su corta edad por las noches nos invita a que oremos los tres juntos, tomados de la mano, que lindo es verlo y oírlo cómo pide por sus padres, abuelos, familia y niños que no tienen alimentos. Han pasado dos años en que Dios puso en mi corazón este sentimiento y escribí lo que sentí un día en mi hogar cuando estaba en casa mientras Paola, mi hija mayor, daba la comida a mi nieto Lucas. Él no quería comer: se paraba, corría para que lo pillaran y Paola, enojada, lo llamaba para que se sentara y comiera. Ya perdida la paciencia le dice: "Lucas, te cuento hasta tres. Uno, dos, tres". Cuando llegó a tres fue hacia él y le dio un tirón de orejas. Llorando prometía no volver a ser desobediente nunca más.
Cuando observaba ese cuadro Dios me tocó, sentí un escalofrío y pensé qué pasaría si Dios actuara como mi hija y nos contara hasta tres por cada desobediencia nuestra. Viviríamos gran parte de nuestras vidas llorando por los tirones de oreja de Dios. Lo poco tolerantes que somos a veces que en muchas ocasiones vamos directamente al castigo no tenemos la paciencia para un juicio y muchas veces ni siquiera permitimos apelación alguna. Todo imputado como mi nieto tiene un argumento de apelación, esta vez no fue escuchado y cayó el castigo sobre él. Por fortuna Dios no es así. Hoy mi nieto tiene cuatro años y sigue escuchando cada vez que hace una maldad de niño te cuento hasta tres y después viene el tirón de orejas que le hace gritar sino obedece a la primera.
Yo me miro en el espejo de la verdad y me encuentro muy enojón, con razón o sin ella. No sé si por los años o por una natural impaciencia. Pero mis reacciones no son las mismas que antes. Muchas veces me trago el enojo y cuento más de diez; así me he ahorrado muchos malos ratos y equivocaciones. El enojó enceguece y hace perder la razón. A veces el silencio vale más que mil palabras sin sentidos. La Biblia dice: Airaos pero no pequéis.
Cuántas veces nos hemos comportado como niños malcriados delante de Dios: hemos reído de sus advertencias, no hemos hecho caso a su Palabra, y actuado de cualquier manera sin tomar en cuenta los consejos de Dios. El Señor no está ahí de brazos cruzados, esperando que pequemos para expresarnos su ira. Por el contrario, dice su Palabra que Él es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento. Él abomina el pecado pero ama al pecador: el perdón es amor y Dios es amor.
Pedro le hizo una pregunta al Señor: "¿Cuántas veces debo perdonar al que me ofende, maldice y me hace daño?". Jesús le respondió "setenta veces siete".
El Perdón es un don de Dios y es uno que cada cristiano debe tener; sin este don es imposible agradar a Dios.
A veces se confunde el talento con un don y son dos cosas completamente distintas. El don es un regalo de Dios y no todos lo tienen. Son solamente los que han creído y recibido a Jesús en sus vidas quienes pueden ser parte de este gran regalo de Dios. El perdón de nuestros pecados nos hace vivir cercanos a Dios.
Los talentos pueden tenerlo cualquiera, es algo natural. El ser humano puede nacer con una cualidad que es llamado talento. Lo puede tener tanto un cristiano como un ateo, como tocar un instrumento musical, cantar, baila, etc. Que podemos definir como habilidad.
Dios nos ha hecho un regalo a través de Jesús: el perdón de nuestros pecados, no importa cuán pecador seas. Él te ama así, no creas que el Señor te ha dejado de amar. Si no escatimó a su propio Hijo, cuánto más piensas que puede hacer Dios por ti, ese hijo nacido en un hogar cristiano y que hoy está lejos de Dios, no importa cuán sordo, ciego, insensible a la voz de Dios. Él no se ha olvidado de ti como tú de Él.
El Señor espera, como el padre al hijo pródigo que cada día salía a ver si venía su hijo. Así te espera Dios para abrazarte, besarte, vestirte y celebrar tu regreso con una gran fiesta en los cielos, por que has recapacitado y regresado al camino del Señor y has vuelto a ser un hijo de Dios.
Imágenes relacionadas
Fuente: Pastor Marco Gajardo






Leer más Noticias »