Editorial
Chile: dos Records Sudamericanos
Publicado el 16 de noviembre de 2009 6:46 | Leído 554 veces.
“Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquél que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa”. Gálatas 5: 7-9.
Los medios informativos difundieron una alarmante noticia, que nos considera campeones sudamericanos, aventajando a muchos países considerados en una encuesta. Ganamos lejos, como verdaderos campeones. Por desgracia, destacamos en algo que no nos hace sentirnos orgullosos; más bien nos avergüenza. Chile encabeza dos records internacionales. Uno de ellos indica que en Chile la cifra de parejas separadas supera la de los casamientos. El hecho que se concretan más divorcios que matrimonios lo vemos en nuestras propias familias, congregaciones, en la televisión, en el trabajo y en la calle. Es evidente que no existe un fundamento sólido en las parejas de hoy: algo esta pasando. Y la iglesia debe advertirlo y tomar medidas con nuestros jóvenes, para que no se encaminen también a estos fracasos que quienes se separan porque no se tomaron un tiempo para conocerse de verdad en el periodo de noviazgo. Por falta de comunicación, durante el matrimonio uno de los cónyuges cambió. Dejaron de ser románticos, los venció la rutina. O se fueron perdiendo el respeto mutuo y no pudieron superar los contratiempos que nos pone la vida, ni cumplir la promesa hecha ante Dios, que los hizo una sola carne en los momentos difíciles, en las buena y en las malas, en la enfermedad y en la salud.
Es curioso que mientras las parejas, de hombre y mujer, se están separando, se acrecienta el clamor de quienes quieren ignorar este designio divino y buscan fórmulas antinatura y exigen que se hagan leyes, para que individuos del mismo sexo puedan contraer matrimonio como lo hace una pareja normal.
Y me pregunto, ¿qué hacemos para revertir este mal que está afectando la principal y más importante institución, que es el matrimonio, la sociedad de familia? Esta crisis que atormenta a esos hijos confundidos, que no entienden porque su papá y su mamá ya no viven juntos.
Hay personas que van de fracaso en fracaso, existen hombres y mujeres que cambian de parejas como si la otra persona no importara. Que no logran una estabilidad sentimental ni emocional. En esa búsqueda hay mujeres que tienen hijos de cada relación sentimental, niños con distintos apellidos y con diferentes padres. Cómo Satanás se ha metido en la institución más antigua de la humanidad, que es el matrimonio. Desde el comienzo de la Creación él ha querido destruir esta sociedad, especialmente bendecida por Dios.
Estamos viviendo en una sociedad corrompida por Satanás.
Hace un tiempo dieron un reportaje, de un hombre que tenía a su esposa hospitalizada en estado vegetal por más de 15 años, conectada a una máquina. Él cada día iba a verla, pasaba horas junto a ella, le hablaba y hacía cariño. Durante esos quince años no falto un día para estar con su señora; los médicos, enfermeras y personal del hospital lo admiraban por esa forma de amar. Este hombre fue fiel a la promesa que le hizo un día en el altar ante Dios: que en enfermedades, pobreza y aflicciones, hasta que la muerte los separara él estaría junto a ella.
El segundo record que Chile tiene como país no es menos importante. Se refiere a que estamos formando una juventud más alcoholizada. Los jóvenes comienzan a beber en exceso desde muy corta edad. Muchos, con la despreocupación, o peor, la complicidad de sus padres, llenan las calles de barrios como Bellavista. A jóvenes, que se supone estudian para ser los futuros legisladores, de las escuelas de Derecho de ese sector, los veo bebiendo cervezas en los locales públicos, llenos de estudiantes, chicos y chicas bebiendo a la par. Algunos llegan a perder la conciencia de tanto beber. Y otros la vida, como en el reciente caso que concluyó con la muerte de un joven. No podemos estar indiferentes ante estos acontecimientos tan negativos. La iglesia es parte importante para la restauración de esta juventud desorientada, ciega, que va camino al abismo.
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Fuente: Pastor Marco Gajardo






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