Editorial

Echando toda vuestra ansiedad sobre Él

Publicado el 28 de julio de 2009 5:55 | Leído 1357 veces.

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Un famoso autor y humorista norteamericano dijo: “¡Soy un anciano y he experimentado muchas dificultades, pero la mayoría de ellas nunca ocurrieron!”. 
¿Cuántos de nosotros estamos en la misma situación?

Sencillamente porque la mayoría de las cosas que nos preocupan nunca suceden.
Más del  setenta por ciento de las cosas que nos preocupa nunca llegan a suceder. Claro que también están los problemas reales, aquellos que objetivamente sí requieren de nuestra atención. 
Ahora bien, sin duda usted tiene problemas muy reales. Todos los tenemos. En muchos casos, puede que usted tenga poco o ningún control sobre tales circunstancias. Puede que usted no sea capaz de controlar lo que sucede. Pero si puede controlar su reacción ante lo que sucede. Usted puede ser un termómetro o un termostato. Un termómetro refleja meramente el ambiente a su alrededor. Usted puede angustiarse e inquietarse porque las cosas a su alrededor no están bien. O usted puede ser un termostato, y cambiar las cosas para mejor.
Cuando los problemas surjan, y ciertamente surgirán, usted no debe dejar que ellos le 
confundan, ni que confundan su sentido de valores y le hagan enfocar su atención en las 
cosas erradas, como el hombre que debido a una crisis financiera sufrió la pérdida de su 
negocio. Él envió un mensaje desesperado a su consejero espiritual diciendo: “Perdí todo”. 
Al visitarle su pastor vio que el hombre estaba vigoroso, tenía a su lado a su esposa, sus
hijos, amigos. Todo lo que parece haber sucedido es que algunos de sus planes para 
conseguir dinero habían sido temporalmente interrumpidos. 
Muchas veces enfrentamos problemas por causa de cosas sobre las cuales no tenemos control alguno. Cuando esto sucede, no debemos permitir que estas cosas destruyan nuestro espíritu.Si lo permitimos, los resultados pueden afectarnos físicamente con enfermedades y aun a limitar nuestras vidas. Clínicamente, la preocupación, la ansiedad, y la ira pueden enfermar a una persona más que un virus.
 Una persona que sufre ansiedad puede tomar un pequeño problema y ampliarlo hasta parecer una imposibilidad. Es como el reloj que comenzó a pensar en su futuro. Calculó que tenía que hacer tic dos veces por segundo. Que cada minuto tendría que hacerlo 120 veces, o 7.200 veces cada hora. En 24 horas, en solo un día, haría 172.800 tics, y un total de 63.720.000 tics cada año. ¡En 10 años tendría que hacer tic 630.720.000 veces! A esa altura esa simple operación pasó a tener el aspecto de una imposibilidad y cayó exhausto del agotamiento nervioso. 
 La Escritura nos señala: “Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros”. Usted puede vencer la preocupación al mantener una correcta relación con Dios. 
Apóyese en las promesas de la Palabra de Dios. Aprenda a aceptar lo que usted no puede cambiar. Realice alguna actividad: lea la Biblia, camine al aire libre, aprenda algún pasatiempo. Evite la soledad. Duerma lo necesario. Cuide su alimentación y viva un día a la vez.
Un amigo dijo que la preocupación es como una silla mecedora. Le dará algo que hacer, pero no le llevará a ninguna parte. Un famoso poema viene al caso:
Dijo el petirrojo al gorrión:
“De veras me gustaría saber ¿por qué estos ansiosos seres humanos se agitan y se preocupan tanto?”
Dijo el gorrión al petirrojo:
“Amigo pienso que debe ser porque ellos no tienen un Padre celestial como el que se preocupa de ti y de mí”.

 

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Fuente: Pastor Moisés Soto