Editorial

Yo Soy El Buen Pastor

Publicado el 23 de junio de 2009 13:59 | Leído 3969 veces.

7b1b33935b34d527749937cc3bfefe71 Una de las figuras más hermosas para ilustrar el cuidado de Dios por sus hijos es la metáfora del pastor. Las Escrituras nos señalan que Jesús amaba a los perdidos, no de manera condescendiente, sino con un amor que los valorizaba como personas dignas.

Para él, ellos tenían más apariencia de debilidad que de perversidad, eran más vacíos que malos. El pecado fue el enemigo aborrecido, no el pecador. El pecador fue la víctima,perdido y herido, necesitado de amor y de salvación. “Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”.
Más de 3.000 años atrás un niño pastor llamado David cuidaba sus ovejas. Él las llevó a pastos verdes cuando estaban hambrientas, a las aguas de reposo cuando estaban sedientas, y salió en busca del corderito o la ovejita cuando se descarriaron del rebaño y los trajo de vuelta. David era el pastor que cuidaba las ovejas. Como joven poeta,contempló los cielos y comenzó a pensar: Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;Junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días. (Salmo 23).
David podía descansar en Dios, como su oveja, porque mantenía una relación personal con el pastor. En la soledad de la pradera, acompañado sólo por sus ovejas, mantenía una intimidad con su Creador.
Hay una antigua historia acerca de un gran orador que viajaba por América del Sur recitando varios trozos de literatura famosa. Con brillante inflexión y voz suave él recitó a Shakespeare, Wordsworth, Lord Byron, y otros grandes escritores. Al final de cada programa, él preguntaba si alguien tenía algún poema o porción de La Biblia que le gustaría escuchar.
Una noche una dama le pidió que recitara el Salmo 23. El gran orador comenzó elocuentemente: “El Señor es mi pastor, nada me faltará...”. cuando había terminado, la concurrencia aplaudió con delirio y pidió repetición. Nuevamente, con magnífico tono el orador enunció las palabras del inspirador salmo.
Nuevamente la concurrencia aplaudió con delirio. Sin embargo, esta vez el orador dijo: “Esta noche mi pastor está conmigo, aunque por muchos años él ha estado jubilado, deseo que venga y recite el Salmo 23”.
Atrás, en el auditorio un anciano se levantó con dificultad y caminó por el pasillo, afirmado sobre su bastón. Su cabello era blanco y su rostro arrugado por los desvelos de muchos años. Le ayudaron a subir a la plataforma, se paró detrás del estrado y con voz llena de emoción comenzó: “El Señor es mi pastor, nada me faltará...”. Cuando hubo terminado, el público no aplaudió. Más bien se sintió un silencio reverente en el auditorio.
Muchos lloraban y los presentes fueron notablemente impactados por las majestuosas palabras del gran salmo.
Después de un silencio embarazoso, el gran orador se levantó y dijo: “Damas y Caballeros, ¿saben ustedes la razón por la cual cuando recité el Salmo 23 ustedes aplaudieron, pero cuando él recitó el mismo Salmo ustedes oraron? La razón es que, yo conozco el Salmo, pero él conoce al Pastor”.
Jesús dijo: “ Mis ovejas oyen mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”.
A lo largo del camino de la vida el Señor es nuestro Pastor que suple cada necesidad de sus ovejas.
La vida es exigente, llena de trampas, y de tentaciones. Pero no debemos temer, pues Jesús prometió: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).

 

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Fuente: Pastor Moisés Soto