Editorial

El Sabio Consejo de mi Padre

Publicado el 12 de junio de 2009 13:47 | Leído 1406 veces.

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 “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”  Génesis 2:17
 

Dios creó el Jardín del Edén para sus hijos Adán y Eva,una pareja ideal que disfrutaría de los privilegios del paraíso, serían amos y señores pues no había ningún ser viviente por encima de ellos, sólo Dios. Nacidos para gozar de esta creación, ningún animal podía hacerles daño pues eran la imagen de Dios. Quien como buen padre quería que sus hijos se le asemejaran. 
Qué padre no desea que su hijo sea igual a él, es motivo de orgullo. Queremos continuarnos en el tiempo a través de nuestra prole, y no solamente se parezcan en lo físico, sino también en su accionar en la vida.
Es una bendición ser un hijo de Dios, nacido a su imagen. Él dió a la primera pareja humana autoridad para  que  pusieran  nombre a todos los animales. Eran como Dios,  hechos para la eternidad; no conocían el dolor, el hambre, no necesitaban trabajar: estaba todo al alcance de la mano y la tierra les daba, generosa, el sustento. Con una sola advertencia: Dios les previene que del árbol del Bien y del Mal no pueden comer. De todos los demás frutos sí, pero de aquel árbol deben abstenerse, pues si comen morirán.
Hoy la historia se repite en cada hogar cristiano. Hay un padre y una madre aconsejando a sus hijos para que viva en la perfecta voluntad de Dios, mostrándoles los peligros y cómo deben evadir los riesgos de caer en la desobediencia de Dios. Por desgracia, como ocurrió con Adán y Eva, muchos jóvenes no escuchan el aviso del padre y prefieren oir el nocivo consejo de la  serpiente. Mucho prefieren escuchar a un mal amigo, a un compañero descarriado y hasta a un extraño, cuyas verdaderas intenciones desconocen. Y por eso es común ver a tantos jóvenes de familias cristianas sumergidos en la miseria, fracaso tras fracaso.
Viviendo en sufrimiento, tan doloroso como tienen que haber sido la pérdida del Paraíso para nuestros primeros padres. Lejos de la presencia de Dios se crea una realidad de hogares destrozados,niñas prostituidas, hijos entregados a las drogas, al alcohol; a la vida fácil que lleva a muchos a la cárcel. 
A la tentación de ser moderno, del triunfo instantáneo, de la felicidad sin esfuerzo. La palabra de Dios dice: "Conviértanse ellos a ti y no tú a ellos". No permitas que Satanás te engañe como engañó a Adán y a Eva. Por  causa de pecado heredamos la muerte, enfermedades, la miseria, el dolor, el sufrimiento, y la condena a trabajar hasta el día de nuestra  muerte para subsistir.
Nadie nos puede amar más que el que nos dio la vida, pues es el que quiere lo mejor para cada uno de sus hijos. Y Dios no tiene hijos predilectos, todos somos iguales.
Hoy Satanás sigue influyendo en esta sociedad a través de amigos, amigas de jóvenes 
cristianos para que no hagan caso a los consejos de sus padres y hagan lo que ellos hacen, osea ir  en contra de  la Palabra de Dios. El demonio al comienzo nos robó la eternidad y hoy quiere robarnos la vida eterna que tenemos ganada a través de Jesús en la cruz.
No permitas que Satanás te robe una eternidad con Dios. El Diablo es muy sutil y engañador, usará mil formas para que tú y yo salgamos del camino de la salvación. Ocurre con esos amigos que no son los mejores. Esos que cuando se enojan contigo cuentan todos tus secretos a todo el mundo. Los que olvidan la promesa de lealtad que alguna vez te juraron.
“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden?”.
Mateo 7:11.

 

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Fuente: Pastor Marco Gajardo